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Divagues de domingo

Qué soñabas ser cuando eras chico/a? Yo soñaba muchas cosas, creo que soy una soñadora nata .. pero sí tengo muy presente el momento en que decidí qué era lo que iba a hacer.

Año 2000, tenía 16 años, había viajado a la costa con mis tíos (soy del sur, de Ushuaia, y esas vacaciones no fueron las clásicas familiares; ahora que lo pienso, seguramente por algún asunto de tipo económico -cuándo no, la economía-). Estaba en Mar del Plata, zona de Chapadmalal, salí a caminar y me ubiqué en una especie de acantilado para apreciar el paisaje. Y ahí, precisamente ahí, mirando ese horizonte azul, lo supe: quería cambiar el mundo.

Ya sé. Te estás riendo. Yo también sonrío al acordarme de eso. Pero de verdad, quería cambiar el mundo y hasta tenía la (ingenua) certeza de cómo lo haría: “hay guerras por todos lados, hay gente que la pasa mal en países lejanos (año 2000, faltaban meses para ver situaciones críticas a la vuelta de la esquina)… ok, pero cómo cambiar las cosas..? Ya sé! La ONU se encarga de la paz mundial (ingenua). Quiero estar en la ONU.. pero cómo llego ahí..? que tendría que estudiar..? Ya sé. Relaciones Internacionales, y cuando me reciba, voy a ser embajadora y así cambiar el mundo”.

Bue.

Parece chiste, pero no lo es. Confieso que ese era mi plan a los 16 años. Pero vivimos en un mundo caótico, y en una región en particular que, como decía un profesor “los (países) grandes hacen lo que quieren, los chicos, lo que pueden” . No importa la ideología que tengas, es más o menos así, y eso se vincula con el nivel de vulnerabilidad de los países; pero no quiero irme por las ramas.

Volvamos a mi plan maestro para cambiar el mundo.

Año 2001, Argentina. Para qué decirte que pasó si seguramente lo tenés muy presente (a menos que todavía no hubieses nacido.. lo que en ese caso, me hace tomar conciencia de lo grande que estoy…). 2002, era mi último año en el secundario: Colegio Provincial José Martí. Público. No podía ser de otra manera. Y quienes lo conocieron saben que no era de los mejor calificados.. aún así, tengo muchos recuerdos lindos de ese colegio…

Mi plan maestro implicaba no solo realizar una carrera que no existía en Tierra del Fuego, sino además, que únicamente la podías encontrar en universidades privadas (carísimas) a miles de kilómetros de casa.. Contexto económico del 2002 + desarraigo + miedos propios de la edad + miedos propios de los padres + alquiler + cuota universidad… había que ser realista: no se podía. Pero eso no iba a pinchar mi sueño de cambiar el mundo. Pensé alternativas, evalué el escenario y bingo! “Voy a estudiar Ciencias Políticas en San Juan, es pública, tiene la orientación en Relaciones Internacionales, y además, tengo algunos parientes ahí por cualquier cosa”.

2021. Hace varios años soy Licenciada en Ciencias Políticas con Orientación en Relaciones Internacionales y sigo en San Juan.

A que viene todo esto? Lo advertí en el título: divagues de domingo. El hecho de que hay cosas que soñamos y que no las concretamos tal como hubiésemos querido, y eso quizás hasta sea mejor. La imprevisibilidad de muchas de las circunstancias nos obligan a adaptarnos con mayor velocidad; de un modo casi casi, darwiniano. Creo que ese es precisamente un punto en que muchos podemos coincidir: la única certeza es que no hay certezas (en casi nada), creer que las circunstancias las podemos moldear a nuestro parecer, es casi igual a mi determinación de querer cambiar el mundo a los 16 años. Aprender a fluir con las circunstancias, intentando no soltar el timón (que son nuestras acciones y decisiones diarias), pero sin forzarlo cuando la corriente es adversa, porque si lo hacemos, el timón puede romperse.. (y eso diría que se aplica a todo, en cualquier ámbito).

No, todavía no cambié el mundo. Ahora sé que esas cosas no se logran solos; es cuestión de rodearte con personas que compartan tus mismas ganas de hacer algo. De aportar algo desde el lugar que uno esté.

Como todos, sigo adaptándome a las circunstancias, aprendiendo de cada persona que conozco, de cada libro que leo, de cada suceso que veo, en una especie de metamorfosis constante que ahora me hace publicar esto, que no es ni más ni menos, sólo un divague de domingo.   

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